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La envidia, la epidemia del siglo XXI

 

Autor: Manuel Freire-Garabal y Núñez

Consejero de Número del Real Instituto Alfonso XIII

A Coruña, 30 de Enero de 2017

Cambiando de temática y siguiendo por nuevos lares, hemos superado las epidemias que en otras épocas eran causantes de terribles muertes agonizantes, para las cuales solución era prácticamente imposible en base a la insuficiencia de medios.

 

Como bien se sabe, por epidemia se entiende aquella «enfermedad que ataca a un gran número de personas o de animales en un mismo lugar y durante un mismo período de tiempo» aunque la enfermedad no tiene que ser un mal que afecta a la integridad física del cuerpo. 

Como dice la segunda acepción de esta palabra, se define como «daño o desgracia que afecta a gran parte de una población y que causa un perjuicio grave». En tiempos pasados la epidemia versaba de afecciones como la peste, propiciando catástrofes como la destrucción de la sociedad de Atenas, un mal que tuvo su origen en Etiopía y su consecuencia fue la muerte de unas 300.000 personas, a causa de fiebres tifoideas - tal y como indican las últimas investigaciones -.

 

En la actualidad, por suerte estos «males» han podido paliarse e incluso cualquier posible brote es erradicado con celeridad.

 

Todo ello es, como se sabe, fruto de investigaciones incesantes que permiten el desarrollo de inóculos cuya única finalidad es la supervivencia de la raza humana en aras del progreso de la sociedad.

 

Ahora bien, en el caso de la envidia, ¿cabe una solución? Esta enfermedad, presente en el planeta desde los orígenes de la vida humana, ha sido fruto de investigaciones por parte de las personas con mayor capacidad analítica y sus efectos han sido en vano, ya que a día de hoy no ha sido erradicada, es más, está en su pleno apogeo, afectando en especial a las nuevas generaciones. Es cierto que en múltiples casos cabe la posibilidad de manifestarse como un rasgo de ciertas patologías psiquiátricas imperantes, pero en la mayoría de ellos es propio de la naturaleza del ser humano – el cual acaba con la vida del prójimo únicamente por progresar y por poseer lo que éste ha obtenido con su esfuerzo –.

 

Con ello, deben analizarse dos posibilidades frente a este Apocalipsis. En primer lugar, que la sociedad en la cual nos «mal hallamos» pudiera estar patológicamente enferma, con lo que sería menester el desarrollo de medicamentos con el fin paliar las patologías psiquiátricas que se desarrollan dentro de un gran sector de la población. Ergo lo recomendable versa en asesorar a los Gobiernos en otorgar ingentes cantidades de fondos dedicadas a partidas de medicamentos que tengan que suministrarse a todo individuo que se halle bajo el influjo de estos síntomas.

 

En segundo lugar, el analizar la problemática actual, la cual está fundamentada en la ausencia de valores humanos, así como en la sobreprotección y la alimentación de necesidades innecesarias a las nuevas generaciones.

 

Pese a la deficiente situación económica en la cual nos topamos, los individuos nacidos en situación de bonanza, así como anteriores a la misma, han recibido casi en su totalidad todo cuanto deseaban con una mínima petición o mueca de capricho sin haber sido merecedores de ello, lo que ha provocado la ausencia de valores y de disciplina que se transmiten en esta epidemia imperante del siglo XXI por no poder conseguir sin merecimiento lo que otros obtienen fruto de su esfuerzo.

 

Esto se traduce en una crisis devastadora en la cual se ataca a quien progresa, no en base a una necesidad vital, sino a una necesidad superflua de tendencia crecimiento del ego desmedido, aunque quien pretenda el bien del progreso no sea merecedor del premio, sino del castigo.

 

Para concluir, es menester añadir que, pese a esta epidemia imperante la humanidad es progreso y este mal llegará a ser erradicado por la misma – tarde o temprano – así que como dijo un gran hombre de progreso que llegó a cambiar nuestra historia reciente “Yes, we can”

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