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La poca tolerancia a la frustración (1ª Parte)

 

Autor: Jesús Manuel Cedeira Costales.

Psicólogo, Experto en Políticas, Investigación e Intervención en Exclusión Social.

Gijón, 01 de Mayo 2017

Los padres reciben mensajes contradictorios que los hacen experimentar cierto temor, en cambio cada día tienen más información sobre la educación de sus hijos. O son padres más comprometidos o simplemente tienen más acceso a más información, las dos cosas no son incompatibles.

 

Quizás hoy sí que le estamos dando más importancia a cómo hacer las cosas, pero se la damos gracias a que tenemos más acceso a la información. Hace años, a la generación de nuestros padres o de nuestros abuelos no es que les importara menos, sino que las cosas se hacían de una manera y punto y no se cuestionaban otras cosas.

Por suerte cada vez hay más investigación, evolucionan la psicología y la pedagogía, y aspectos que antes la intuición hacía pensar que eran positivos hoy se demuestra que no lo son tanto. Todo eso genera un cuerpo de conocimiento que al juntarlo con la motivación de los padres hace que cada vez estén un poco más implicados.

 

¿Hasta qué punto es importante esa sobre información?. Sí te pasas días buscando información de colegios, sobre crianza, sobre la alimentación de los hijos, quizás te estás pasando de la raya y te estás obsesionando mucho. La información es muy importante y cuanta más mejor, sobre todo para temas que pueden tener consecuencias serias.

 

Muchas veces da la sensación de que parte de esa información también mete mucho miedo a los padres, que si no lo hacen de tal o cual forma el futuro de sus hijos va a ser catastrófico. En ese sentido siempre es bueno tranquilizar. Si te duermes o no con tus hijos no lo haces para que tu hijo sea más guapo o más inteligente, sino porque todos estáis a gusto así.

 

Puede que haya algo que en función de cada contexto pueda estar más recomendado, pero hacerlo o no hacerlo no va a tener consecuencias catastróficas para tus hijos. Uno de esos miedos es el de los límites, que si no les ponemos a todo parece que vamos a crear unos hijos anárquicos… Es que es así, tenemos miedo.

 

Parece que si no haces las cosas de determinada manera va a ser una catástrofe y el niño va a acabar siendo uno de los que salen en ‘Hermano mayor’. Y no es así. En la calle lo que se asocia con consecuencias negativas en la adolescencia es una crianza permisiva, con la que tampoco estoy de acuerdo porque es negativa.

 

Sin embargo, la evidencia lo que demuestra es que las peores consecuencias en la adolescencia vienen de estilos de crianza más autoritarios. Al final, por muy negligente que seas, si quieres mantener a tu hijo con vida los niños tienen de por sí muchos más límites de los que a ellos les gustaría soportar. Hay cosas que hay que imponer, como “por la ventana no saltas y punto” o “el semáforo se cruza en verde y punto”.

 

Lo que siempre e defendido es que cada familia, con las cosas que son secundarias, que no están directamente relacionadas con la seguridad, la integridad o el respeto hacia los demás, decida qué valores son importantes: para unas puede ser la nutrición, para otra las buenas formas… Si intentamos poner límites a todo se vuelve un imposible, una mala leche constante.

 

Los límites también están muy relacionados con la frustración de los niños, ya que en ocasiones suelen ser consecuencia de la misma. Últimamente parece que vivimos obsesionados con que los niños se tienen que frustrar y aprender que la vida es dura desde bien pequeños… Los niños obviamente se frustran y no pasa nada. Otra cosa es que provoquemos esas frustraciones.

 

El día a día ya tiene las frustraciones normales que un niño necesita para aprender. No obstante, siempre se habla mucho de las frustraciones de los niños, pero no de las de los padres. Qué poca tolerancia tenemos a la frustración porque el hijo de cuatro meses no duerme del tirón, o porque el hijo no se ha acabado el plato de comida, o porque tenemos que insistir con los deberes.

 

La poca tolerancia a la frustración es más de los padres que de los hijos, que tienen expectativas poco realistas acerca de la infancia.

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