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Más vale prevenir que curar

 

Autor: Manuel Freire-Garabal y Núñez

Consejero de Número del Real Instituto Alfonso XIII

A Coruña, 13 de Febrero de 2017

Como es sabido, toda carga personal –entendiéndose por obligación– nace de una relación jurídica.

 

Desde un primer punto de vista, por obligación se entiende toda aquella exigencia consignada por la moral o la ley -con la correspondiente ejecución por parte de la autoridad-. Básicamente, podría traducirse en un deber, el cual nace -tal y como previamente se ha referido de una relación jurídica-.

Dicha relación, en múltiples casos, carece de surgimiento en una obligación jurídica formal; es más, y como se define en el mismo concepto de obligación, su origen tiene lugar en una relación jurídica no formalizada, nacida de la voluntad con el fin de agradecer o corresponder a los beneficios que otro sujeto le ha concedido, con la salvedad de que en ciertos casos nace de la bondad del sujeto, sin beneficio a cambio.

 

Ambas cargas, tienen como principal similitud de imponer la realización de un hecho al sujeto, junto con una diferencia fundamental para ambas. Es decir, que la realización de la obligación pueda suponer un beneficio o un mal. Verbigracia, en lo que a las obligaciones personales formalmente constituidas se refiere, el matrimonio puede suponer un beneficio, en tanto en cuanto de la relación nazcan beneficios para ambos contrayentes como la ayuda y el respeto mutuos.

 

Sin embargo, en tanto la relación formal únicamente traiga males o no resulte beneficiosa para una de las partes -o incluso no cause beneficio alguno para sendos contrayentes- la obligación únicamente constituirá una carga personal inoficiosa, la cual no sólo consiste en «un mal negocio», sino que puede acarrear una serie de daños personales y patrimoniales que afecten a uno o ambos sujetos, junto con la posibilidad de suposición de un perjuicio personal y patrimonial para su entorno social.

 

En lo referente a las obligaciones no formalmente constituidas - as cuales nacen tal y como se fundamentó con anterioridad como fruto de la "voluntad con el fin de agradecer o corresponder a los beneficios que otro sujeto le ha concedido"- suelen ser tendentes a suponer «un mal negocio», aun incluso en el caso de que se mantenga una relación próspera con la persona.

 

Prudencia, razón y verdad

 

En base a lo dispuesto, la mejor recomendación versaría en seguir toda relación obligacional – formal y no formal– cual símil de armadura constituida por: prudencia, razón y verdad.

 

La prudencia como escudo. Como coloquialmente se expresa "toda prudencia siempre es poca" sobre todo para benjamines inexpertos que de la vida aún tienen que aprender.

 

La razón, como arma. Para combatir toda mala fe, el único método de persuadirlo versa de formarse siguiendo la razón, puesto que quienes engañan tienden a ser ignorantes.

 

Y para concluir, la verdad, como defensa. Seguir el uso de la veracidad de su palabra, ya que aunque sea fruto de engaño, al menos tendrá su honradez intacta.

 

Ergo, fruto de la reflexión se demuestra que toda carga personal no constituye obligación, en tanto en cuanto que se haga uso de razón.

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