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Y seguimos con el timo de la estampita

 

Autor: Manuel Freire-Garabal y Núñez

Consejero de Número del Real Instituto Alfonso XIII

A Coruña, 16 de Enero 2017

Últimamente se ha estado discutiendo largo y tendido -pero con mínimos efectos firmes- acerca del conflicto de las cláusulas suelo y su ilegalidad en España.


En relación con los préstamos hipotecarios, en lo relativo a la compra de viviendas la cláusula suelo -partiendo de la pretensión influida por el interés variable europeo- no es más que un parámetro contractual el cual define los límites mínimos a aplicar, pese a que se produzca el descenso del tipo de interés.

Como la gran mayoría de las cláusulas hipotecarias es un criterio abusivo y contrario a la legalidad, enmascarado como práctica de guante blanco para las entidades bancarias y gubernamentales en vista de que únicamente beneficia a la entidad bancaria y por consiguiente a sus socios protectores, perjudicando al contratante del préstamo, en virtud de que la bajada del tipo de interés impide traslado a la cuota mensual.


A nivel práctico significa que el banco constituía, como parámetro contractual, la definición de topes máximos por encima de los cuales los intereses no aumentarían pese a que el euribor los superase -así como unos topes mínimos por debajo de los cuales los intereses tampoco podrían reducirse- .


Al mostrarse como una practica abusiva, oculta al desconocimiento del contratante, está tipificada como ilegal por multitud de países, entre ellos España desde el año 2013, pero su imposición no ha sido superficialmente considerada hasta el pasado año.


En base a la sentencias como la del 9 de mayo de 2013 del Tribunal Supremo - la cual decretó la nulidad y carácter abusivo de las cláusulas suelo -o a la Sentencia del 21 de diciembre del 2016 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea- la cual decretó la devolución de las cantidades obtenidas mediante esta práctica se ha asentado una jurisprudencia que no podría designarse como imposición sino como mera orientación, ya que a su vez se han desarrollado correciones políticas que defienden el carácter perjudicial de las cláusulas que constituyen «violaciones en masa usando profilacticos».


La citada sentencia del Tribunal de Justicia europeo -la cual obliga la devolución del dinero cobrado por parte de las entidades bancarias a través de este «timo de la estampita» del siglo XXI- contempla ciertas matizaciones ya que pese a considerar la práctica de la cláusulas suelo como incompatible con respecto al derecho de la Unión Europea únicamente ha obligado a los bancos a devolver las cantidades percibidas por las entidades hasta la fecha de la citada sentencia del 9 de mayo de 2013.


Cabe concluir que estas conductas muestran que los «intereses creados» no perecen con el tiempo y que el mero reconocimiento de directrices acordes al buen hábito y la honradez no son más que sugerencias para los que manejan los hilos.


Ergo, el hombre de a pie ya no es dueño de sus actos, es hoja movida por el viento y muñeco de ventrilocuo

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